Yo cojo la RENFE cada día, y tu qué miras!

Ir en tren es como subir en ascensor pero sin tener nada que hablar con el que tienes en enfrente. Quien es el valiente que abre la boca un segundo y luego tiene que seguir manteniendo una charla supuestamente coincidente e interesante sobre algo durante todo el trayecto? Mantener una conversación de media hora sobre el sol o el buen tiempo que hace hoy no se merece más tiempo que el existente entre un primer piso y un tercero. Cuándo eliges hablar con alguien en el tren has de elegir bien con quien lo haces, no sirve el estandard saludo aleatorio que se lo dices a cualquier vecino en tu edificio. El viaje en tren UNE, o separa. Cuando decides interactuar con alguien en el tren es para SIEMPRE o para nunca. Antes de elegir al compañero empieza el ritual de miradas, estudiosas, de como te mueves, que vistes, si te has afeitado hoy o a ver qué dice cuando pasa el revisor. Todo el mundo está callado pero a la espectativa, muy atento. Por momentos te sientes como un joven ñu que acaba de llegar a un estanque de la sabana africana y lo están observando aunque en este caso las fieras parecen entrenidas con los arboles, libros, iphones o elementos del entorno. De repente caes en la cuenta de que tienes a una persona sentada simétricamente frente a ti, la miras notando ya su presencia. Ya no estás igual, la tienes delante de ti, … 0,8 m es muy cerca, tanto que no decir nada es como mal educado pero almismo tiempo si abro la boca para coger aire casi que se me escapa sola la primera palabra. Entonces decides no hablar por aquello de que hay que estudiar antes sus movimientos, sus gestos, el de la mano con anillos y el de la que parece disimular rascándose el moflete mientras yo llegaba …  quizá ya me lleve ventaja.

Entonces una vez el tren ya se pone en marcha si logras desconectar llegas a mover tu cuerpo sin pensar en ello demasiado, con bastante naturalidad tus neuronas parecen no estar dirigidas llevando las ordenes hasta las extremidades, y el resto de las partes de tu cuerpo. La propia inercia de la situación hace que sin quererlo empieces a darte cuenta de que el que tienes enfrente está justo copiando tus movimientos. Un brazo que se apoya con la mano aguantandose la boca. Luego ya habiendo visto este primero de todos los que no alcanzas a recordar decides cambiar y te dispones a rascarte la nariz mientras pierdes la mirada por arriba, y ves como el clon defectuoso que tienes enfrente se rasca también la nariz. No puedes creer lo que estás viendo. No puede ser. Justo después de esto le sigue un seco movimiento de brazos cruzados que aunque es rápido es igualmente interpretado por tu homólogo complementario y empiezas a desear ya con fuerza el no tenerlo enfrente. Tras inquietarte por la situación decides pensar 3 segundos y decides que el siguiente movimiento no sabes cual va a ser aún pero no puede ser copiado, ha de ser diferente, algo especial, único y original que no pueda ser reproducido por el otro. Entonces en 2 segundillos también rápidos pero medio pensados realizas un movimiento enérgico, tanto que debió ser de la propia energía contagiosa que los dos individuos en una milésima de segundo mientras sus miradas coincidían a la altura de sus ojos, de reojo seguían el recorrido de sus simétricos brazos cómo iban coincidiendo como en el mejor chapoteo de unas nadadoras de sincronizadas. Siii!! Qué graaande, que 10! señoras y señores, que ejecucción tan perfecta! … tal maestría se desvaneció tan rápido como que al mismo tiempo la situación les produjo una especie de tic que sin ser genéticamente nervioso les activó un inhibidor que les contrajo el cuerpo al mismo tiempo, en un movimiento seco, que auto reprimía cualquier intención de movimiento futuro quedándose como con frío y pensando en si la vergüenza ajena que sentían en realidad era la de ver como los sentimientos de dos personas que se creían tan diferentes eran en realidad bastante iguales.

One Response to “Yo cojo la RENFE cada día, y tu qué miras!”

  1. cesc aldabo Says:

    Molt bó aquest relat! Espero que tot bé, records.

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